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Con la llegada a las salas de cine nacionales de la sexta película de la famosa saga de Harry Potter y el misterio del príncipe, novela escrita por la británica J.K. Rowling, se vuelve a despertar el interés por todos aquellos que gustan de este tipo de filmes.
Potter, un joven que perdió su familia siendo tan solo un bebé y que desde muy temprana edad tuvo que luchar para adaptarse a dos mundos, al de los Muggles y al de los hechiceros, ha tenido que enfrentarse al desprecio –quizás miedo- de sus familiares, así como también a la venganza, envidia y rencor de un mundo repleto de pociones mágicas y sortilegios. Por lo que no es imposible de ver en Harry a todo un sobreviviente de las adversidades.
Sus hazañas –en las que se ve envuelto sin querer- junto a su valentía y destreza nos hacen pensar qué sería de Potter de haber nacido en Quisqueya. Interesante… ¿En algún momento te los has preguntado? ¿Cómo sería Harry Potter si hubiese sido dominicano?
Primero, no se hubiese llamado Harry, sino Enrique, José o Miguel y llevaría como apellido Pérez o Martínez. Segundo, no jugara Quidditch, sino “vitilla”; tendría un tono tostado en su epidermis y pelo ensortijado. Para hacer su magia tendría un bate de baseball en lugar de una varita de madera y no llevaría tunica -¡y con este calor quién aguanta!-.
Tercero, no estudiaría en un castillo encantado, sino en una escuela pública a la cual llegaría en cola de pasola, en una Omsa, y si vive muy lejos, en el Metro. –La escoba sería muy útil en este país-.
Sus amigos se llamarían Germania (una wanna be de jevita de la Lincoln) y Pedrito (“caco e’ locrio”, por lo colorao’ de su cabello). El trío dinámico se juntaría todos los fines de semana a tomarse su “fría” a escondidas, pero no de mantequilla, esta sería de las de verdad.
¡Vaya! Miguel Martínez sería todo un hit en el celuloide a nivel mundial. Solo falta que los cineastas criollos se animen.
Potter, un joven que perdió su familia siendo tan solo un bebé y que desde muy temprana edad tuvo que luchar para adaptarse a dos mundos, al de los Muggles y al de los hechiceros, ha tenido que enfrentarse al desprecio –quizás miedo- de sus familiares, así como también a la venganza, envidia y rencor de un mundo repleto de pociones mágicas y sortilegios. Por lo que no es imposible de ver en Harry a todo un sobreviviente de las adversidades.
Sus hazañas –en las que se ve envuelto sin querer- junto a su valentía y destreza nos hacen pensar qué sería de Potter de haber nacido en Quisqueya. Interesante… ¿En algún momento te los has preguntado? ¿Cómo sería Harry Potter si hubiese sido dominicano?
Primero, no se hubiese llamado Harry, sino Enrique, José o Miguel y llevaría como apellido Pérez o Martínez. Segundo, no jugara Quidditch, sino “vitilla”; tendría un tono tostado en su epidermis y pelo ensortijado. Para hacer su magia tendría un bate de baseball en lugar de una varita de madera y no llevaría tunica -¡y con este calor quién aguanta!-.
Tercero, no estudiaría en un castillo encantado, sino en una escuela pública a la cual llegaría en cola de pasola, en una Omsa, y si vive muy lejos, en el Metro. –La escoba sería muy útil en este país-.
Sus amigos se llamarían Germania (una wanna be de jevita de la Lincoln) y Pedrito (“caco e’ locrio”, por lo colorao’ de su cabello). El trío dinámico se juntaría todos los fines de semana a tomarse su “fría” a escondidas, pero no de mantequilla, esta sería de las de verdad.
¡Vaya! Miguel Martínez sería todo un hit en el celuloide a nivel mundial. Solo falta que los cineastas criollos se animen.
